martes, 2 de agosto de 2011

En el centro.

Cada día me levanto con "Erase una vez...", pero esto parece una película de ciencia ficción más que un cuento de amor. Te espero en las esquinas, sentada en las escaleras, miro atrás por si te veo y vienes a darme esos besos que nunca me darán.
Queda una sonrisa, una palabra amable para no hacerlo insufrible...
Ahogo mis penas en soledad, entre lágrimas, vómitos y sangre.
Y, es que a mis 21, no dejo de soñar con príncipes y un final feliz.
Puedo enfrentarme a dragones pero no a tu indiferencia.
Mírame sin mirarme, háblame, cállate, no me digas lo que no quiero oir, tampoco me hables de lo que ansío escuchar.
Olvidé aprender a vivir de otra manera.
No me olvides... deja de recordarme...

Esto es una mierda, no me sale escribir, sólo establezco lo prohibido sobre mí.
Quiero dejar de vivir en las nubes, construyendo castillos, aviones de papel sin destino.
No me acostumbro a esta realidad miserable, taparse los ojos es dar la espalda a la injusticias, a la pobreza, a la angustia, a las caras de dolor y amargura... somos todos ciegos en un mundo de tuertos.
Despídete ardieron las cenizas de las cenizas.
Me pisaste, me escupiste y te jactabas al oír mis suplicas, solo te pedía que me mirases con ternura.
Y, Vida, ahora me ves hundida. ¡Ya basta! Sácame el cuchillo del pecho y déjame sentir la noche helada.
Me voy al centro, a las raíces, a las espinas, a lo que comenzó llamándose amor... y allí, donde todo nació, donde estuvieron, me quedaré.

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