viernes, 23 de abril de 2010

Reflexión

Todos necesitamos permanecer un instante en silencio, intentando escuchar esa vocecita que tenemos dentro y a la cual no hacemos caso ni escuchamos tan amenudo como debieramos. Quizá si nos aprendieramos a conocer y a escuchar dariamos con la fuente de la felicidad.
Preguntarse quién es uno, porque actuamos como lo hacemos, si sigo mis propios consejos, soy feliz conmigo mismo, como trato a los demas...
Con solo un instante de silencio puedes resolver todas tus dudas.
Cuando seas viejecito y de pronto un día, mirando a la calle todo se quede mudo, tendrás dos opciones, sonreir por todo lo vivido, por todas esas personas que dejaste atrás pero los cuales te hiciero crecer un poquito, te sentirás satisfecho por tu vida, por como trataste a los demás y el respeto que te tuviste a ti mismo y una lágrima recorrera tu mejilla mientrás sonries y cierras los ojos para volver a ver ese rostro tan bonito que recuerdas de tu juventud; la otra opción es sentir pena, lastima de ti mismo, por saber que solo as creado el caos a tu alrededor, hiriendo a las personas que una vez te quisieron y atormentando a los seres que te daban la espalda, sentirte solo y desgraciado, esperando que el sueño de morfeo te lleve cuanto antes, y sentiras que toda tu vida no ha merecido la pena, te odiaras por todo eso desperdiciado. Ahora partes de cero, ¿qué opción eliges?

sueños renovados

Me desconozco delante de un espejo roto
caigo al abismo de mi propia incomprensión,
doy vueltas en la cama buscando la solución.
Mi corazón rompe a llorar sobre el colchón,
las costuras de mi piel en las sábanas del edredón,
engancho mis ojos al techo de mi habitación.

De pronto apareces, y me meces, me creces, me enloqueces.
Haces que quiera pasar las horas en tu pecho,
sobre nuestro lecho.
Tú la luz, en mis ojos amaneces
adoro que te despereces.
Sentir la ternura que desprendes
lo que me regalas bajo el cielo que oscurece.
Cierro los ojos, siento que desvaneces,
me besas, apareces.