sábado, 5 de junio de 2010

Fenecer

La soledad me golpea de nuevo como un fuerte impulso hacia atrás en el pecho que me corta la respiración.
Difícil resulta a mi entendimiento esta soledad que atropella, tan rodeada de gente, a este cuerpo débil, este alma marchita.
Ruido atronador de gritos, que no es más que el silencio de mi primavera, todo oscurece, enmudece, sólo el latido violento que recorre mis venas, el que ya escuece.
Arena entre mis dedos, dulce sensación de tacto que termina en un instante y se aleja de estas manos temblorosas por el miedo.
Gélido aliento llega a mi boca, un beso se extingue antes de emerger...