Y tus pasos deciden uno o otro lugar, las imágenes van quedando atrás, pasa el tiempo y tus huellas ya no están
Un día caminé por un bosque mágico, todo era verde, florido, con un gran cielo azul cubierto de nubes blancas con mil formas que imaginar, mil sueños por empezar, iba cantando y mi risa se escuchaba a cientos de kilómetros, me tumbé en la hierba, miraba esas nubes maravillosas que quizá alguien puso ahí para mí, para que yo dejara volar mi mente, un castillo encantado, un caballito de mar... cuentos para contar.
De pronto me paré en medio de mi camino, miro atrás y veo mis pasos, miro a mis pies y sólo veo mi sombra, pero ahí me quedé quieta, sin hacer nada, me senté pensativa, pensaba en el tiempo y en el camino que tenía que andar, y miré a la derecha y a la izquierda y vi esos otros caminos, ahí estaba yo, en medio de cuatro caminos, pero no, pensaba, atrás no puedo volver, ¿atrás? eso sería , volver a andar algo que ya he andado, no tiene mucho sentido ¿verdad? ¿ atrás porqué? Otra vez los miedos del pasado, los errores, los muchos errores, no quiero verlos, no quiero equivocarme otra vez, así somos las personas, una vez y otra vez equivocándonos como idiotas. Y cómo ir hacia atrás, me daba miedo y no sabía porqué pero sentía que lo que debía hacer era ir siempre hacia delante; ahí me quedé, tirada en medio de los cuatro caminos y ¿lo de los lados? No sé, lo desconocido siempre da terror ¿no? Hacia delante ¿por qué? es lo que esperan de mí, es mi papel en esto, el camino que he ido siguiendo toda mi vida, ¿cambiar ahora? Un poco extraño, un poco de miedo, inseguridad y... ¿es lo correcto? ¿que me esperan esos caminos? No sé, ahí me quedé toda la noche, delante, atrás, derecha, izquierda, que difícil decisión.
Tic, toc, tic, toc, pero el tiempo pasa, tengo que decidir, ¿me salgo del camino? ¿me voy por el camino de piedras? ¿sigo recto? ¿miro atrás?
Pero... los caminos de mis lados, los de piedra parecen mágicos, encantados, fantásticos, y las piedras ¿qué hacen ahí? ¿están para que me tropieze? ¿para que me caiga? Y si después quiero seguir en el camino recto, ¿podré volver? Siento como mi respiración se agita, de nuevo me desplomo en el suelo. Veo como se mueven las hojas de los árboles, como metiéndome prisa, "¡¡decide ya!!" ¡Dejadme en paz! grito, sólo se escucha mi agitada respiración, me hecho a llorar, me mata esta puta indecisión, no se ni que es lo que quiero, pero si lo que se espera de mí...
Me acerco a un extremo del camino y veo una flor de color violeta, grande y preciosa, algo bonito por fin, pero me pincha, mi dedo corazón sangra, me llevo el dedo a la boca y pienso "todas las rosas tienen espinas", también todos los caminos tendrán dificultades, porqué no puedo elegir sólo ser yo, quizá no necesito un camino, quizá quiero dar vueltas hasta saberlo y marearme.
En el mar no hay caminos, solo nadas y nadas, y las cosas van sucediendo sin más, pero sin caminos que elegir, sólo agua.
De pronto una niebla muy intensa me susurra "corre, corre, huye", empiezo a correr y correr, pero ahí solo estaba yo ¿huye? ¿de que? ¿de mí? No puedo huir de mi, no puedo salir de mí. Yo quiero vivirlo todo y después decidir cual es el mejor camino, si pudiera fragmentarme, visitaría el camino de atrás, viviría aventuras en los caminos de los lados y en el que tengo enfrente viviría mi vida sin más, la que se me ha asignado, responsabilidades, con un papel determinado, sólo siendo una actriz fracasada de la última obra de teatro que nadie quiere ver.
Tengo sed, tengo frío, tengo hambre y estoy sola, es hora de elegir. ¿Doy vueltas y salgo a correr? Cierro los ojos, doy vueltas y más vueltas cuando los abro... ¡ya no hay caminos! Ya no hay nada, ni piedras, ni hierba, ni niebla, solo una verja, meto los dedos por la valla, y empiezo a gritar y tirar de ella, ya estoy afónica, ya no siento las manos. Y me deslizo de nuevo hasta el suelo, ahora no es verde ni confortable, es duro y frío.
No puedo salir de esta prisión, he visto árboles brotar a mi alrededor, ya medirá dos metros o más, no veo el final de muchos, muchos que ya han dejado oculto este calabozo en el que estoy, mi voz ya no se oye, mis manos no se mueven, mi alma ya está oscura, y mi piel ha desaparecido. Sólo me queda el hueso y esta jaula de locos en la que me desperté por última vez.
Caminante, son tus huellas el camino y nada más.